Óscar se acercó a la máquina del café como cada mañana a esas horas. Solo y sin azúcar. Bostezó mientras caía el café en el vaso aunque, ese día, su aplanamiento se debía más al calor y al aburrimiento que al verdadero cansancio.
-Agosto es mala época para el periodismo, a menos que uno se dedique
a la prensa rosa- pensó mientras se acercaba el vaso a los labios y
caminaba hacia su mesa.
Cuando se sentó frente al ordenador, miró la hora y pensó en que Raquel ya estaría en el tren. Recordó que ni siquiera la había llamado para desearle buen viaje y no pudo evitar sentirse culpable, sobre todo porque sabía que ella estaría de vuelta un día antes de lo previsto, sólo para poderse despedir de él antes de que se marchara de vacaciones
Tal vez no fuese el mejor momento para marcharse y dejarla sola pero le había costado demasiado decidirse como para empezar a dudar ahora.
Necesitaba alejarse unos días para poder tomar una decisión, sabiendo que, fuese cual fuese ésta, alguien tendría que salir tocado. Eduardo se mostraba cada vez más incómodo por la espera pero parecía dispuesto a luchar a muerte por su relación, lo cual unido a las verdaderas pulsiones de Óscar y a su ilusión por volver a intentarlo, parecía que todo se inclinaría hacia ese lado. Raquel, sin embargo, cada día estaba más triste; había adelgazado mucho pese a que él la veía comer con el mismo apetito de siempre, apenas dormía, hacía mucho tiempo que no le mostraba ninguno de sus hermosos poemas y había aparcado el último relato que estaba escribiendo.
(Zaragoza, agosto 2004)
-Agosto es mala época para el periodismo, a menos que uno se dedique
a la prensa rosa- pensó mientras se acercaba el vaso a los labios y
caminaba hacia su mesa.
Cuando se sentó frente al ordenador, miró la hora y pensó en que Raquel ya estaría en el tren. Recordó que ni siquiera la había llamado para desearle buen viaje y no pudo evitar sentirse culpable, sobre todo porque sabía que ella estaría de vuelta un día antes de lo previsto, sólo para poderse despedir de él antes de que se marchara de vacaciones
Tal vez no fuese el mejor momento para marcharse y dejarla sola pero le había costado demasiado decidirse como para empezar a dudar ahora.
Necesitaba alejarse unos días para poder tomar una decisión, sabiendo que, fuese cual fuese ésta, alguien tendría que salir tocado. Eduardo se mostraba cada vez más incómodo por la espera pero parecía dispuesto a luchar a muerte por su relación, lo cual unido a las verdaderas pulsiones de Óscar y a su ilusión por volver a intentarlo, parecía que todo se inclinaría hacia ese lado. Raquel, sin embargo, cada día estaba más triste; había adelgazado mucho pese a que él la veía comer con el mismo apetito de siempre, apenas dormía, hacía mucho tiempo que no le mostraba ninguno de sus hermosos poemas y había aparcado el último relato que estaba escribiendo.
(Zaragoza, agosto 2004)
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