sábado, 10 de enero de 2009

ANDAMIOS

Lo mío son los andamios en las tardes de lluvia. Mi pánico a las alturas jamás me permitiría subirme a uno, pero debo confesar que ponerse debajo da mucho juego a la hora de contar historias.

Ahora mismo, estoy en el paseo de Gracia, escondiéndome de una lluvia caprichosa que se empeña en arreciar en el preciso instante en el que me encuentro más lejos de una cafetería, donde poder sentarme, cómodamente, y ponerme a escribir al amor de un café bien cargado, tal y como me apetecería hacer en una situación como ésta.

Sin embargo, hoy tengo suerte. Bajo este andamio hay un escaparate con un escalón que tiene la altura y la amplitud justas para aposentar en él mi generosa anatomía, sin que me cuelguen los pies ni se me clave el bordillo en el culo. Me acompaña una bolsa llena de libros que, prácticamente, no he soltado desde que, esta mañana, me he vuelto a dejar, esta vez en Laie, una parte de mi exiguo sueldo de funcionaria -aún no logro comprender por qué todos los periodistas, en el Encuentro Nacional, no dejaban de preguntarme si Bookcrossing no perjudica los intereses de autores y editores - así que hoy, para variar, podría aprovechar este tiempo muerto para leer alguno antes de que pasen a elevar la altura de la pila que tengo en la mesa del comedor, esperando que le dedique el tiempo suficiente para iniciar todo el proceso que va desde su registro hasta su liberación pasando, claro está, por su lectura.

Mientras observo a la gente que corre para buscar refugio, me vienen a la cabeza todas las ocasiones en las que me he encontrado en esta misma situación y, en una suerte de dejà vu, vuelvo a vivirlas.

En mis recuerdos, hay días en los que, cuando yo aún no había sucumbido a la tiranía del móvil, me desesperaba ante la imposibilidad de encontrar un taxi libre. Ahora vivo pegada al móvil como un asmático al Ventolín, pero en Radio Taxi no dan abasto. En resumen, sigo en las mismas.

También encuentro días en los que, por una diferencia de costumbres en cuanto a puntualidad se refiere, he acortado la espera mediante el saludable ejercicio mnemotécnico de recordar a la persona a quien esperaba y a toda su parentela, directa e indirecta. En ocasiones, si la demora ha sido suficiente, he llegado a repasar la lista de personajes que, por méritos propios, han conseguido, a lo largo de la Historia, hacerse un nombre dentro del santoral.

¿Qué decir de esos días de escuela, en los que, justo, se pone a llover la única vez -palabra que fue la única- que una se decide a hacer pirola con los compis, y, al final, acabamos sentados sobre nuestras mochilas, riéndonos de los pringadillos que se han quedado en clase, y pelándonos de frío, aunque esto no lo reconoceríamos ni bajo tortura.

¿Cómo no recordar, también, las noches de regreso a casa junto a los amigos, en las que, por falta de paraguas o por solidaridad hacia quienes no lo tienen, te quedas con ellos esperando a que escampe? Como aquella vez que me quedé con Carlos, Ana y Habakuk: empezamos hablando de viajes a la India y terminamos con una disertación sobre cine porno.

Sigue lloviendo y se me han acabado los recuerdos, por lo que decido meter la mano en la bolsa de Laie. Miro los títulos y, quizás por homonimia, me decido por Madrigales de la pensión de Charles Bukowski. ¿Quién sabe? Seguramente lo veréis en mi estantería mucho antes que a toda esa pila de libros que tengo en casa.

(Barcelona, diciembre 2004)

3 comentarios:

Santi dijo...

Que te cuente arrrgo; hummmm, pues en principio que yo creo que llueve cuando alguien piensa en su pasado y en las vidas que debía haber llevado.

Pero si de contar algo, recuerdo a unos nenucos hablando. Hablaban sobre quién lanzaría la lluvia. Y dijeron que no podían ser las nubes porque no tenían brazos; así que quizás el sol, decidieron entre los dos.

Poco mas o menos así es la politica.

Abrazos mirando qué es lo que hacías en la fotografía.

Vivir es una casualidad dijo...

Tienes una habilidad, Frantic (bueno, seguro que tienes más pero yo hoy detecto esta y es la que quiero comentar :-))....tienes la tremenda habilidad de hacer que me meta en tus palabras, de contar y describir las cosas de una manera que hace fácil el abstraerse del entorno y meterse en ellas, en el pseudorelato, en el poema....FELICIDADES!
Un beso

Arquitecturibe dijo...

Con mis amigos particularmente comenzamos con temas livianos y terminamos en las antipodas de este pais, renegando o defendiendo al gobierno!!!!
que raros somos... que facil nos vamos por las ramas de una conversacion...
saluditos desde mi lejana galaxia