El padre de Luisito era pescador de altura y pasaba largas temporadas fuera de su hogar; quizás por eso, cuando Ramón falleció en aquel naufragio, su hijo apreció pocos cambios en su vida cotidiana: mamá aún le despertaba con un humeante tazón de chocolate, la abuela seguía llevándole al colegio y, tras la merienda y los deberes, él continuaba saliendo a la calle a jugar con sus amigos.
Ahora que se ha hecho mayor, la única novedad que recuerda es la costumbre que , desde aquel triste suceso, adquirió su madre de salir corriendo al patio, cada vez que empezaba a llover, a recoger unas inexistentes prendas que, supuestamente, se estaban secando en el tendedero. Luisito pensaba entonces: "A mí no me engaña, sólo sale al patio a llorar".
(Zaragoza, junio 2010)
(Zaragoza, junio 2010)
1 comentario:
Observador el niño. Y se nota que estaba pendiente de su madre :)
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