Sara siempre ha sido muy práctica y organizada por lo que, antes de irse a vivir con Patri a ese apartamento que habían comprado con toda su ilusión, ya se había desprendido de todas las cosas que sabía que no le iban a servir para nada, ahora que iba a comenzar una nueva vida.
Por eso, le costó tanto entender el afán de Patri por llevarse, de la casa en la que vivía con sus padres hasta entonces, aquel destartalado caballito de madera con el que no había vuelto a jugar desde hacía más de treinta años.
-Si es que le tengo mucho cariño....
-Pero está medio roto y, además, ninguna nos vamos a subir ya en él a nuestra edad y con lo fondonas que estamos.
-Ha estado en mi habitación desde que tengo cuatro años...
-Pero no tenemos apenas sitio y, además, no pega con el mobiliario.
-Es una parte de mi vida, no me hagas renunciar a ella, por faaaa....
-Vale, pero tú te encargas de limpiarle el polvo
-Graaacias, Sara. Sé que no lo entiendes pero no imaginas lo mucho que significa esto para mí.
-Anda, calla. Siempre haces conmigo lo que quieres.
Al principio, a Sara se la llevaban todos los demonios cada vez que veía el caballito ahí plantado entre el armario y la puerta del dormitorio, cada vez que tenía que dar un rodeo si quería coger un jersey o unos pantalones y, cada noche que se levantaba adormilada al baño y se llevaba al p... caballito por delante. Pero, por otra parte, la convivencia con Patri era mucho mejor de lo que nunca habría podido imaginar: les encantaba preparar juntas la cena cada vez que venían sus amistades, nunca faltaba una sonrisa o un abrazo cuando más falta hacían y las diferencias que pudieran surgir se arreglaban hablando civilizadamente.
Con el tiempo, se convirtió en inercia aquel rodeo que Sara tenía que dar para coger un jersey o unos pantalones, descubrió que era un "mueble" muy original para dejar preparada la ropa que tenían que ponerse al día siguiente, acabó limpiándole el polvo y dándole cera... Incluso aquel día en que, mientras Patri estaba de viaje por trabajo, a la vecina del quinto se le incendió el piso y los bomberos, por precaución, hicieron desalojar todo el edificio, se encontró cargando con el caballito escaleras abajo.
Sin embargo, aún alguna noche, Sara se levanta adormilada para ir al baño, se lleva por delante al p... caballito y empieza a soltar juramentos a voz en grito. Pero Patri sólo sonríe, se da media vuelta y se vuelve a dormir.
(Zaragoza, abril 2010)
Por eso, le costó tanto entender el afán de Patri por llevarse, de la casa en la que vivía con sus padres hasta entonces, aquel destartalado caballito de madera con el que no había vuelto a jugar desde hacía más de treinta años.
-Si es que le tengo mucho cariño....
-Pero está medio roto y, además, ninguna nos vamos a subir ya en él a nuestra edad y con lo fondonas que estamos.
-Ha estado en mi habitación desde que tengo cuatro años...
-Pero no tenemos apenas sitio y, además, no pega con el mobiliario.
-Es una parte de mi vida, no me hagas renunciar a ella, por faaaa....
-Vale, pero tú te encargas de limpiarle el polvo
-Graaacias, Sara. Sé que no lo entiendes pero no imaginas lo mucho que significa esto para mí.
-Anda, calla. Siempre haces conmigo lo que quieres.
Al principio, a Sara se la llevaban todos los demonios cada vez que veía el caballito ahí plantado entre el armario y la puerta del dormitorio, cada vez que tenía que dar un rodeo si quería coger un jersey o unos pantalones y, cada noche que se levantaba adormilada al baño y se llevaba al p... caballito por delante. Pero, por otra parte, la convivencia con Patri era mucho mejor de lo que nunca habría podido imaginar: les encantaba preparar juntas la cena cada vez que venían sus amistades, nunca faltaba una sonrisa o un abrazo cuando más falta hacían y las diferencias que pudieran surgir se arreglaban hablando civilizadamente.
Con el tiempo, se convirtió en inercia aquel rodeo que Sara tenía que dar para coger un jersey o unos pantalones, descubrió que era un "mueble" muy original para dejar preparada la ropa que tenían que ponerse al día siguiente, acabó limpiándole el polvo y dándole cera... Incluso aquel día en que, mientras Patri estaba de viaje por trabajo, a la vecina del quinto se le incendió el piso y los bomberos, por precaución, hicieron desalojar todo el edificio, se encontró cargando con el caballito escaleras abajo.
Sin embargo, aún alguna noche, Sara se levanta adormilada para ir al baño, se lleva por delante al p... caballito y empieza a soltar juramentos a voz en grito. Pero Patri sólo sonríe, se da media vuelta y se vuelve a dormir.
(Zaragoza, abril 2010)
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