Cada diez de abril, Tomás se prepara para el cumpleaños de Miguel. Se levanta temprano y pone en el equipo su querido vinilo de Obús; se ducha deprisa y se viste con su vieja camiseta de Scorpions. Después de desayunar, llena su petaca de whisky y la mete en la mochila junto con dos latas de Coca-Cola y dos vasos de tubo desechables.
Cada diez de abril, antes de entrar a trabajar, Tomás conduce hacia donde está Miguel, prepara dos cubatas y le pone al día de lo que ha sido su vida desde el último cumpleaños y bebe, se achispa, llora, ríe y se despide hasta el próximo año.
Cada diez de abril, los padres de Miguel encuentran un cubata sobre la tumba de su hijo.
(Zaragoza, abril 2010)
1 comentario:
Precioso, frantic, realmente me ha sorprendido el final.
Nos inventamos lo que sea con tal de conjurar las pérdidas que más nos duelen. Los ritos, nos ayudan a soportar las ausencias.
Muchos besos,
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