miércoles, 13 de octubre de 2010

¡TE GANÉ!

Celia se puso hecha un pincel para quedar con Elisa, su amiga de toda la vida, que acababa de llamarla para tomar un café. Bajó tranquilamente las escaleras y se dirigió con una sonrisa a La Candelaria porque, aunque no había conseguido sonsacarle nada sobre la reunión que había mantenido con su jefe y, efectivamente, la crisis se había cebado con multitud de empresas pequeñas, Celia creía firmemente en el talento y el admirable currículum de su antigua compañera de colegio. Estaba tan convencida de que conservaría su empleo que se había atrevido a apostar una botella de su Rioja favorito a que sería una de las afortunadas que permanecerían en aquel estudio de arquitectura.

Por el camino iba relamiéndose pensando en qué delicioso plato podría preparar para maridarlo con tan exquisito vino. Dudaba entre un asado de cordero con patatas panadera o un civet de ciervo; quizás un entrante a base de quesos curados o de embutidos ibéricos... El simple pensamiento le hacía la boca agua.
Llegó la primera a la cafetería, pidió un capuccino y se sentó a leer el periódico mientras sonaba de fondo All your love de John Mayall.

A los diez minutos llegó su amiga. Su paso firme y seguro y un paquete en su mano izquierda convencieron a Celia de que todo había ido bien y volvieron a estimular sus glándulas salivares. Tras saludarla con dos besos y pedir un bombón, Elisa desenvolvió una botella de Marqués de Murrieta Gran Reserva 1998.

-¡Te gané! ¡Te gané!- aplaudió Celia toda alborozada- Sabía que no te iban a despedir.
-Me sigues debiendo una, guapa. Ésta la he comprado yo con el finiquito sólo para celebrar que, por lo menos, he conseguido una indemnización de cuarenta y cinco días por año trabajado.

(Zaragoza, octubre 2010)

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