lunes, 13 de diciembre de 2010

PARA ESCRIBIR

El chaparrón pilló de improviso a Begoña cruzando el paseo Pamplona a la altura de la calle Almagro, por lo que decidió refugiarse en el café Levante hasta que escampara.

Ante la puerta, sacudió el agua de su rubia melena. Al entrar, le sorprendió agradablemente que, pese al tiempo transcurrido desde la última vez que había estado allí, el local conservara toda esa pátina de clasicismo y bohemia que recordaba y que se reflejaba en detalles tales como la distribución de las mesas de mármol y las chaquetitas blancas de los camareros, así como en el ambiente de tertulia que se continuaba respirando. Sin embargo, no le gustó tanto el hecho de que, debido a la crisis, el menor número de personas que atendían el café hubiera hecho desaparecer el servicio de mesas.

Pidió un tazón de chocolate con nata y, cuando se lo sirvieron, se encaminó con él en la mano hacia la sala del fondo en busca de una mesa libre. Entre señoras con abrigos de pieles que hablaban del próximo evento social al que pensaban asistir, estudiantes de universidad que intercambiaban apuntes y jubilados que rememoraban en voz alta las presuntas excelencias de tiempos pasados, le llamó la atención una mesa situada en un rincón apartado.

Estaba ocupada por un montón de folios, un cenicero repleto de colillas, un teléfono móvil, un libro del que apenas alcanzó a leer en su portada la palabra "otoños" y una taza mediada de café. La usuaria, una mujer cuyo físico le resultaba familiar, escribía sin apenas levantar la vista de las hojas. Casualmente, la mesa más próxima estaba desocupada y al ir a dejar su merienda, Begoña pudo escuchar:

-Mmm... ¡Qué buen tazón de chocolate! Me están dando ganas de pedirme uno con un suizo.
-Con la que está cayendo fuera, esto es lo que más apetece ¿verdad? -respondió Begoña con una sonrisa mientras se quitaba su empapado abrigo antes de sentarse.

Algo había en esa mujer que a Begoña le parecía conocido. Su voz grave, sus gestos nerviosos, su desaliño en el vestir, su alegre mirada... ¿Dónde habría coincidido antes con ella?

-¿Está lloviendo? Ni me había enterado. Llevo aquí toda la tarde sin apenas dejar de escribir.
-Pero tú eres... ¡Raquel Fontán!- balbució Begoña cuando por fin reconoció a su interlocutora- Hace un mes presentaste tu último libro de relatos en el Joaquín Roncal. Me gustó mucho, aunque mi preferido sigue siendo Una rosa por Sant Jordi. Por cierto, me llamo Begoña.
-Vaya, alguien que me lee. Encantada- respondió tímidamente Raquel.
-Sí, tengo las tres obras que has publicado y te seguía cuando escribías en Qriterio Aragonés. Siempre he admirado a las personas que saben reflejar tan bien la realidad cotidiana. Yo soy totalmente negada para eso.
-Bueno, tampoco es tan difícil -replicó modestamente la escritora- Todo consiste en tener claro lo que quieres contar y buscar las palabras adecuadas para hacerlo ¿Lo has intentado alguna vez?
-¡Qué va! Yo soy de ciencias. Sería incapaz de hilar un par de frases con un mínimo de estilo.
-Yo estudié Químicas y doy clase en un instituto así que eso no es ninguna excusa. Te gusta leer ¿no? Pues por ahí se empieza.

La escritora recogió un poco el batiburrillo de objetos que ocupaban toda su mesa.

-Siéntate aquí conmigo. Me parece grotesco que estemos hablando a tanta distancia.

Begoña obedeció impresionada por la cercanía y la humildad de un personaje tan admirado por ella.

-Pero dime, Raquel ¿Cómo podría crear esos personajes tan cercanos? ¿Cómo sería capaz de imaginar todas esas historias?
-Ante todo debes hacer un resumen de lo que quieres contar y luego hacer un retrato de cada uno de tus personajes. Para eso puedes realizar todas las combinaciones que quieras, inspirarte en escenas que veas cuando vayas paseando por la calle...

Raquel señaló todos los objetos que había arrinconado en una esquina de la mesa.

-Yo siempre llevo en el bolso un cuaderno y una pluma para anotar todo lo que me llama la atención. En todo caso, la cámara del móvil también hace su papel.
-Y luego ¿qué?
-Deja que la semblanza que has hecho de tus personajes se refleje en las acciones que realicen dentro de la historia, en sus gestos y en sus palabras. No hace falta que narres una historia muy enrevesada ni que haya muchos personajes, sobre todo si se trata de tus primeros textos.

La escritora hizo una pausa para terminarse el café que ya se había quedado frío mientras Begoña la miraba sin apenas parpadear.

-Lo más importante es que quien la esté leyendo sepa exactamente que ocurre, pueda ubicar el lugar y el momento en que sucede la acción y comprenda los motivos de ésta.
-¿Puedo entonces escribir sobre cualquier cosa? ¿Y contar algo que me haya pasado a mí o a alguien conocido?
-Por supuesto. Lo más importante es que la persona que te lea se crea lo que le estés contando y pueda seguir el hilo sin perderse. Pero si escribes sobre ti o sobre alguien cercano, te aconsejo que le des un toque de ficción. Cambia nombres, lugares, alguna característica... Añade algún detalle que enfatice la acción.

Entre cigarrillos y tazas de chocolate, pasaron la tarde conversando sobre métodos de escritura, manías literarias y técnicas utilizadas por otras autoras. Sólo la sonrisa condescendiente del camarero, que se acercó a presentarles la cuenta mientras les informaba de que estaban a punto de cerrar, hizo que recuperaran la noción del tiempo transcurrido.

-Vaya, se ha hecho tardísimo. Me temo que te he quitado demasiado tiempo de trabajo -dijo Begoña mientras buscaba su monedero.
-Deja, te invito yo. Ha sido todo un placer poder departir tranquilamente con una lectora tan fiel.

Raquel dejó una generosa propina y guardó todas sus cosas en su bolso mientras Begoña volvía a ponerse su abrigo ya seco.

Cuando salieron a la calle había dejado de llover y la temperatura era tan agradable que invitaba a volver a casa dando un paseo. Por eso Begoña rehusó el ofrecimiento que Raquel le hizo de llevarla en coche a su destino.

-Gracias por todo, Raquel. No imaginaba que una escritora como tú pudiera ser tan accesible.
-Puedo asegurarte que la mayoría de las personas que escribimos somos lo más parecido a la vecina del quinto -rió Raquel- Y gracias a ti. Me ha hecho mucha ilusión poner cara y voz a una de mis lectoras. Además, ¿quién sabe? Igual soy yo la que un día te pide a ti que le firmes un libro.

(Zaragoza, diciembre 2010)

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