viernes, 12 de febrero de 2010

ALEVOSÍA

Teresa entró en la planta de Cirugía del hospital con paso decidido y la invisibilidad que le daba el uniforme prestado por su amiga Aurora, la de la lavandería. Llevaba la mano derecha oculta bajo la pechera de la bata y, sobre ella, una carpeta corriente.

A las ocho en punto, como de costumbre, llegó el carro de las cenas y Teresa se escondió tras él.

Minutos después, tras asegurarse de haber terminado lo que había venido a hacer, salió de la planta con la misma tranquilidad con la que había entrado.

Para entonces, la paciente de la 411, que acababa de destapar la bandeja de su cena, había encontrado una rosa roja en el plato del pescado.
(Zaragoza, febrero 2010)

4 comentarios:

Alfonso Saborido dijo...

Lo siento, me sale la vena cristiana. No sólo de pan vive el hombre. O la mujer :) Eso también lo diría Cristo, pero los curas lo borraron :-p

Minombresabeahierba dijo...

plantas, flores... siempre me alegran el espiriru.

besos

Tesa Medina dijo...

Ay, Frantic que llegué a pensar en una venganza y era un bonito gesto de amor.

La verdad es que el pescado hervido del hospital es incomible, mejor una rosa roja que alegre el vaso de la mesilla y te recuerde que alguien ha pensado en ti.

Muchos besos,

Frantic St Anger dijo...

¡Qué bien! Ése, precisamente, es el efecto que quería conseguir. :)

Los relatos cortos son un verdadero desafío para mí porque, para concentrar una historia en pocas palabras, hay que buscar siempre algo que enganche y no siempre es fácil. Por eso disfruto tanto escribiéndolos.

Celebro que te haya gustado.

Besicos.